Marruecos es desierto y mediterráneo, es un punto de contacto entre dos continentes, entre dos razas, dos culturas y dos religiones que por siglos han marcado la idiosincrasia de sus pueblos.

En la costa norte marroquí encontramos Asilah, un pueblito a orillas del mar con pequeñas y estrechas calles llenas de construcciones en blanco y azul, un pueblo hospitalario que invita al visitante a volver. Anualmente celebra un Festival Internacional de Cultura. Dependiendo de la temporada, se encuentran habitaciones dobles de 50 a 70 euros por noche. Por lo general esta tarifa incluye desayunos.

En Agadir, 600 kilómetros al sur de Rabat, encontramos hermosas playas, las ruinas de la Necrópolis de Kasbah, excelente clima que permite la práctica del golf, deportes náuticos y equitación todo el año y una importante oferta hotelera para el visitante. Los precios de las habitaciones oscilan entre 50 y 345 euros la noche.

Kenitra, otro pueblo a orillas del Mediterráneo, ofrece al visitante un recorrido histórico por fortificaciones de piratas bereberes, una mezquita, un palacio, una cárcel y el puerto de la ciudad. Fue fundada en el siglo V a.C. por los cartagineses. Hay alojamiento desde 55 hasta 225 euros en hoteles como el Tamkast o el Riad Monika.

Siguiendo por la costa mediterránea encontramos a Salé. Fundada en el siglo X, forma parte de la prefectura de Rabat. Es un puerto pesquero, rodeado de murallas y flanqueado por torres que evocan un pasado turbulento. Estas obras defensivas se cuentan entre las más antiguas de Marruecos. Cuenta con un museo y dos mezquitas una que data del año 1196 y otra construida en el siglo XIV. Los hoteles en Salé tienen una tarifa básica que oscila los 65 euros por noche.

El-Jadida, antigua Mazagan, fue fundado por los portugueses como una fortificación en el siglo XVI. Tras caer en el siglo XVIII en manos del sultán, será en 1820 cuando será restaurada. Hoteles como el Riad Azama o el Riad Mazagao ofrecen precios básicos por noche que van entre 30 y 80 euros.

En el Sahára, Laayoune, fundada por los españoles en 1932 ofrece un mercado artesanal y joyero, con arquitectura sahariana clásica. La catedral del pueblo da fe de su pasado hispano. Al sur de la ciudad se extienden 300 kilómetros de dunas. Y los amantes de la pesca deportiva cuentan con la estación balnearia de Laayoune Plage a doce kilómetros de la ciudad.

Fotos: Flickr

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