La religión islámica tiene mucha importancia en el país, cuyos habitantes son muy devotos. Como todos los musulmanes, ayunan en el mes de ramadán. Desde el amanecer a la puesta de sol no comen, beben ni fuman. En las ciudades se dispara un cañon para anunciar el nacimiento del día.

En el pasado, las mujeres salían raras veces de sus casas; hoy día, la mayor parte va a los almacenes y mercados, al baño público y a las salas cinematográficas. Se mezclan con los hombres en los zocos, mercados al aire libre que se celebran semanalmente. La gente del campo acude desde muy lejos para vender, comprar, escuchar relatos, cambiar noticias, oír a los músicos y comprar hierbas medicinales. En algunos lugares, hay zocos reservados a las mujeres.

Lo primero que estudian muchos niños es el Corán, libro sagrado de los musulmanes. Aprenden a escribir copiando su texto, escrito en alfabeto árabe. Pero aún así, abundan las personas analfabetas a las que nunca se les ha enseñado a leer o escribir. Sin embargo, el Gobierno edifica cada vez más escuelas, por lo que más del cuarenta por ciento de los niños en edad escolar asiste a centros de enseñanza elemental.

De cada diez marroquies siete son labradores, que cultivan en especial cereales, sobre todo, trigo y cebada; a menudo, cuidan al mismo tiempo vides, higueras y almendros. La mayor parte de los agricultores poseen cabras y ovejas y, en algunos casos, gallinas y vacas. Sin embargo, sus campos suelen ser muy pequeños, una minúscula parcela en la falda de las montañas.

 

 

Información: Enciclopedia Grolier

Imagen: flickr

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